
el nudo de la corbata negra serpiente que se enrosca alrededor del cuello caricia de seda amenazante y terrible piel de minúsculas escamas y no dedos que describe el dibujo incompleto del espiral autófago espiral trunco espiral yuxtapuesto desdoblado y entrópico núcleo de noche de fiesta y silencio centro neurálgico del futuro inmediato nervio tenso que abraza y cierra como un paréntesis de tela duplicado como todo cuello hombros barba labios ojos orejas pelo engominado en el espejo inverso mundo de plano cristal ventana condenada
devuelve la mirada enrojecida rodeada de crespas pestañas enyesadas en negro pálidos reflejos de Man Ray que se buscan entre los tules de vestidos y la soledad de la habitación y la luz que entra por la ventana y le dibuja las ojeras heredadas de la noche insomne arrebolada y entre triste y feliz observándose con fascinada atención como si fuera la última vez como si a partir de esa noche la crisálida fuese por fin rota y las alas tristes de la mariposa cautiva aletearan en la jaula de oro
las mancuernas cuadradas brillando con resplandores de soles gemelos en los puños blancos de la camisa mientras se acerca a la ventana y mira hacia el patio vacío y el aspersor que lanza sus brillos de plata al aire dibujando efímeros arcoiris que van y vienen entre los frenéticos parpadeos que buscan librarse de la modorra y la sensación de irrealidad de la ilusión de un futuro camino asfaltado y de pronto no hay más que un muro sin ventanas una enorme habitación blanca que se expande hacia todas partes dejándolo solo y vacío en el centro de la nada de esa nada que no admite interrogantes y le abofetea el rostro con guante también blanco como no
mezclándose en el fondo mentiroso del espejo que la fusiona con el muro que la convierte en mosca atrapada y moribunda y la náusea la obliga arquear la espalda y los blancos botones saltan describiendo parábolas perfectas en el aire enrarecido dibujando el recorrido de inexistentes planetas de hielo que van a estrellarse contra la alfombra color sangre la mirada paralela que los sigue y los lee como un libro abierto una puerta abierta a la profecía y la condenación y comprender de pronto como si alguien le rompiese un vidrio en la cabeza y los golpes en la puerta
en las puertas de dos habitaciones distantes y distintas donde por un momento se tendió un puente que ahora se desmorona desde sus tensores de fino algodón hasta las bases de blandos recuerdos y dos miradas que se cruzan delante de un espejo de dos caras dos pares de lágrimas que esbozan caminos truncados mientras alguien golpea la puerta primero y luego grita enfurecido/a y luego el silencio y la soledad y las ventanas que ya nunca volverán a encontrarse
devuelve la mirada enrojecida rodeada de crespas pestañas enyesadas en negro pálidos reflejos de Man Ray que se buscan entre los tules de vestidos y la soledad de la habitación y la luz que entra por la ventana y le dibuja las ojeras heredadas de la noche insomne arrebolada y entre triste y feliz observándose con fascinada atención como si fuera la última vez como si a partir de esa noche la crisálida fuese por fin rota y las alas tristes de la mariposa cautiva aletearan en la jaula de oro
las mancuernas cuadradas brillando con resplandores de soles gemelos en los puños blancos de la camisa mientras se acerca a la ventana y mira hacia el patio vacío y el aspersor que lanza sus brillos de plata al aire dibujando efímeros arcoiris que van y vienen entre los frenéticos parpadeos que buscan librarse de la modorra y la sensación de irrealidad de la ilusión de un futuro camino asfaltado y de pronto no hay más que un muro sin ventanas una enorme habitación blanca que se expande hacia todas partes dejándolo solo y vacío en el centro de la nada de esa nada que no admite interrogantes y le abofetea el rostro con guante también blanco como no
mezclándose en el fondo mentiroso del espejo que la fusiona con el muro que la convierte en mosca atrapada y moribunda y la náusea la obliga arquear la espalda y los blancos botones saltan describiendo parábolas perfectas en el aire enrarecido dibujando el recorrido de inexistentes planetas de hielo que van a estrellarse contra la alfombra color sangre la mirada paralela que los sigue y los lee como un libro abierto una puerta abierta a la profecía y la condenación y comprender de pronto como si alguien le rompiese un vidrio en la cabeza y los golpes en la puerta
en las puertas de dos habitaciones distantes y distintas donde por un momento se tendió un puente que ahora se desmorona desde sus tensores de fino algodón hasta las bases de blandos recuerdos y dos miradas que se cruzan delante de un espejo de dos caras dos pares de lágrimas que esbozan caminos truncados mientras alguien golpea la puerta primero y luego grita enfurecido/a y luego el silencio y la soledad y las ventanas que ya nunca volverán a encontrarse